VOZ DEL LECTOR

Lontananza
Señor director:
Allá en lontananza diviso un halo de esperanza sobre la buena fe de las personas. ¿Por qué muchos van constantemente en contravía de otros? Algunos no descansan hasta ver derrotados a sus semejantes, y, otros, viven defendiéndose de dardos constantes, lo que termina en agrias disquisiciones sobre nuestro proceder. Constantemente se convierten en jueces de sus semejantes sin tener autoridad moral. El sabio Siddhartha Gautama nos transmitió que “la lengua es como un cuchillo afilado, mata sin extraer sangre”. ¿Por qué somos proclives a acusar sin conocimiento de causa? ¿Se nos convirtió esta mala conducta en cultura?
Definitivamente no construimos con las palabras, nuestro deseo es destruir esos castillos de naipes que otros han edificado. Todos anhelamos un mundo en donde podamos vivir sin estar fatigando a nuestros semejantes, debemos vivir nuestra vida y respetar al otro, cada cual es feliz en el camino y nadie posee la varita mágica de la perfección, no lo somos. Todas las personas tienen el derecho de hacer su vida como deseen, no al ritmo y al compás que los demás quieran.
El pensador chino Confucio nos dijo que “la vida es simple, pero insistimos en hacerla complicada”. Es así, como todos debemos respirar y dejar que otros también lo realicen de manera sencilla, sin alteraciones, subterfugios o discusiones bizantinas. La vida no es momento para sollozar, es un instante para ser felices y construir unidos ese edificio con escaleras, empinadas por momentos, y otros peldaños más llanos y fáciles de acceder y solucionar. La existencia nos conduce a una escalera de eventos, experiencias y decisiones.
No debemos detenernos, sino progresar, pero advirtiendo que igualmente supondrá diversos sacrificios. Solo nosotros seremos los responsables de lo rígido e inclinado que pueda ser nuestro sendero. Cada quien tiene derecho a vivir su vida como les plazca, siempre y cuando no vulnere los derechos de los demás. Nadie posee la verdad absoluta. Cuántos problemas nos evitaríamos si todos comprendiéramos el valor de esta diferenciación y no nos dedicáramos a la crítica destructiva sin afectar los distintos patrones culturales que tiene nuestra sociedad.
Álvaro Alzate Ussma

¿200 periodistas?
Señor director:
Hombre, ni en la ciudad más grande del mundo hay tanto comunicador ni tantos medios. Lo que pasa es que en Manizales hay un poco de vivos que se autodenominan periodistas a ver si consiguen prebendas o privilegios que no se le entregan a ningún ciudadano del común. Es triste decirlo, pero ni siquiera sumándole los muchachos y muchachas que estudian ésta bella profesión en las universidades de acá llegaríamos a tan escandalosa suma. En una época, si mal no recuerdo, el Ministerio de Educación expedía tarjeta profesional a quienes de verdad trabajaban en los medios y acreditaban con rigurosos exámenes ser idóneos para escribir o comentar sobre los sucesos de la ciudad. También el Ministerio de Comunicaciones, para esa época, entregaba con pruebas preliminares las licencias de locutor. ¿200 periodistas? ¿Qué tal?
Bernardo Molina Marulanda