¿Democracia plena?
Señor director:
Artículo 189, Constitución política de Colombia 1991: Corresponde al presidente de la República como jefe de Estado, jefe del gobierno, y suprema autoridad administrativa: “4. Conservar en todo el territorio el orden público y restablecerlo donde donde fuere turbado”. En ninguna de las 28 funciones asignadas aparece agitar masas, lanzar discursos en las plazas públicas, opinar políticamente con sectarismo defendiendo a su Gobierno; es decir participar en política, injuriar públicamente a sus adversarios políticos, controvertir las leyes y posturas de los poderes judicial y legislativo, lanzar amenazas, entre otras con una constituyente y muchas otras arbitrariedades que no se ven con agrado en un sistema que se pregona democrático.
¿Será que los griegos, padres de este sistema, que se erige como el más aproximado a la justicia, la libertad y la convivencia social, se encuentran satisfechos con la interpretación y la aplicación de los principios democráticos en un país en el cual ni los unos ni los otros parecen tener la suficiente madurez política para vivenciarlo y acercarse lo más posible a legisladores como Solón, Pericles y tantos otros? ¿Será que nuestros gobernantes, legisladores y políticos, tan acuciosos e hiperactivos para buscar votos y manipular incautos, tienen una formación sólida acompañada de principios éticos y morales para dirigir un Estado que requiere de personas probas y magnánimas como seres humanos?
Nuestro presidente no da una buena imagen cuando cuestiona las decisiones legislativas y judiciales si no concuerdan con sus anhelos y apetencias en un Estado de derecho que aún nos rige y nos dirige. ¿Al señor presidente no puede habérsele olvidado Montesquieu cuando en su gran obra El espíritu de las leyes plantea la división de los tres poderes como condición sine qua non para el ejercicio democrático?
Mal ejemplo de nuestro presidente y una nota mal escrita para un pueblo que necesita lecciones de buena convivencia y de respeto por las instituciones y que de verdad se implemente un genuino y auténtico sistema democrático.
Elceario de J. Arias Aristizábal
voz del lector
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