Aditivos para el alma

La tristeza, la ansiedad, la melancolía y la depresión, van unidos; en muchos momentos de la vida flagelan y aparecen buscando doblegar sin misericordia al ser humano. Por ende nadie escapa a estos estados de ánimo: en la infancia, en la adolescencia, en la juventud, en la adultez y en la senectud. Para enfrentarlos con vehemencia y fortaleza es indispensable estar acompañado, procurar no estar solo; buscar la familia, que es un referente revitalizador; buscar los amigos para hablar, reír y compartir. Procurar estar ocupado, hacer todo lo que le guste y le agrade. Tener firmeza en la fe y estar en contacto segundo a segundo con la divinidad, como disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor.
Bien lo expresaba el filósofo griego Aristóteles (384-322 a.C.), que el hombre es un ser social o gregario por naturaleza, describiéndolo como un “zoon politikon” (animal político o cívico). Esta célebre frase aparece en su obra Política, donde argumenta que el ser humano necesita vivir en comunidad (polis) para desarrollarse plenamente. Sostenía que, a diferencia de otros animales, el hombre posee el lenguaje (logos) para distinguir lo justo de lo injusto y lo bueno de lo malo, lo que lo lleva agruparse. Quien no vive en sociedad, según Aristóteles, es una bestia o un dios, no un ser humano, ya que la convivencia es una necesidad natural, no solo una elección. La frase subraya que nacemos con esta característica y la desarrollamos a lo largo de nuestra vida, dependiendo de otros para sobrevivir.
El ser humano tiene una tendencia innata a vivir en grupo, interactuar y colaborar para asegurar su supervivencia, desarrollo emocional y socialización. Las razones principales de este comportamiento gregario incluyen:
• Supervivencia biológica: Los seres humanos son mamíferos dependientes al nacer y necesitan del grupo para sobrevivir y desarrollarse en las primeras etapas de vida.
• Adaptación y cooperación: La unión en grupos permite un trabajo en equipo eficaz para alcanzar metas, adaptándose mejor al entorno y garantizando recursos.
• Necesidad psicológica y emocional: El ser humano necesita la interacción con otros para la validación, la aceptación y la formación de su identidad, influyendo en sus creencias y comportamientos.
• Desarrollo intelectual y social: La convivencia permite el intercambio de conocimientos, el lenguaje y la creación de normas sociales y políticas, convirtiéndonos en animales políticos, según Aristóteles.
• Seguridad y pertenencia: El gregarismo proporciona un sentido de seguridad, pertenencia y comunidad, disminuyendo la sensación de vulnerabilidad.
Álvaro Alzate Ussma